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Primeros años de aprendizaje de inglés
18 marzo, 2016

El Diccionario de la Real Academia Española indica que los extranjerismos son aportaciones léxicas procedentes de otros idiomas. Se emplean como términos que no tienen un significado equivalente en castellano, es decir, que son necesarios para expresarnos según avanzan los tiempos.

Si bien hoy en día tenemos la sensación de que las palabras provenientes del inglés son cada vez más numerosas, ya sea por modas o por la tecnología, no hay que olvidar que a lo largo de la historia se han adaptado multitud de términos de otras lenguas, principalmente del árabe y del francés.

Pero también el idioma de Shakespeare ha dejado su huella en el castellano con anterioridad, y en la actualidad resulta casi imposible distinguirlas, tanto por lo extendido de su uso como por la adaptación gráfica y gramatical.

Repasamos a continuación algunos de los anglicismos con más tradición en nuestra lengua.

  • Pingüino. El nombre dado a esta peculiar ave llega al castellano procedente del francés pingouin (y este, a su vez, del neerlandés pinguin); aunque su origen lo encontramos en el término celta pen gwyn, esto es: ‘cabeza blanca’.
  • Interferencia. La dirección en la que este término llega a nuestro idioma es justo la opuesta que el caso de ‘pingüino’, ya que el castellano lo adopta del inglés interference alrededor del siglo XIX, y éste lo tomó de la voz francesa s’entréferir (‘golpearse o herirse uno a otro’) ya en el medievo.
  • Norte, sur, este y oeste. La denominación de los cuatro puntos cardinales que se emplea en la actualidad es relativamente reciente, y procede del anglosajón (a través, de nuevo, del francés), de la misma raíz que dio origen a palabras como ‘Noruega’ o ‘normando’. Anteriormente, los nombres en castellano eran septentrión, meridión, oriente y occidente, o boreal, austral, naciente y poniente.
  • Pijama. Término procedente de la época de la colonización británica, hacia comienzos del siglo XIX, los pai jamahs eran unos pantalones sueltos, atados por la cintura, que empleaban los musulmanes en la India. En inglés se denominaron pyjamas.
  • Champú. Se trata de otra palabra de origen indio (champna), importada por el colonialismo británico en el siglo XVIII como shampoo. Se trataba de una técnica de masaje y, de hecho, como verbo shampoo tenía el significado de masajear, mientras que el nombre indicaba el jabón utilizado para ese masaje.
  • Tranvía. Aunque su época de esplendor en España ya pasó, el nombre de este medio de transporte nos llega del inglés tramway, siendo tram un vagón para transportar carbón en las minas. Otros términos ferroviarios, como ‘raíl’ o el propio ‘vagón’, también son anglicismos.
  • Fútbol. Seguramente, se trate del anglicismo más empleado y conocido como tal, ya que su origen es bastante fácil de descifrar para cualquiera: formado por foot (pie) y ball (balón). Sin embargo, no cabe duda que está plenamente asimilado en nuestro lenguaje. Tampoco resulta extraño que otros términos relacionados con este invento inglés también sean adoptados de su idioma, como ‘chutar’, ‘linier’, o ‘penalti’.

Precisamente el mundo del deporte es uno de los campos que más términos ingleses ha adoptado, como baloncesto, voleibol, aeróbic, béisbol… Al igual que los relacionados con la informática: web, píxel, digitalizar, etc. Y la tendencia es que sigamos incorporando nuevas palabras de este idioma, lo que no es, necesariamente, algo negativo.

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