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Palabras intraducibles | Academia de idiomas

Expresar en una lengua lo que está pensado, escrito o hablado en otra es una de las tareas cognitivas más difíciles que puede realizar un ser humano.

Sobre todo cuando ambos idiomas no comparten la misma raíz ni el mismo alfabeto. Cuanto más alejadas geográfica e ideológicamente, y por tanto más diferentes en cuanto a su contexto y evolución social, mayor es la complejidad de asemejar sentimientos, ideas y percepciones de otros.

En finés, según aseguran los que conocen este idioma (no es mi caso), existen 40 palabras para definir la nieve. En castellano, hablado en sitios donde las precipitaciones congeladas no forman parte del acervo cultural ni es de vital importancia para la adaptación al entorno, apenas aparecen un par de sinónimos en el diccionario, como Cellisca, una temporal de agua y nieve muy menuda.

¿Qué pasa con el resto de acepciones finesas? El aguanieve con viento fuerte, la nieve flotando en el agua, la formación de hielo a la deriva, el hielo cristalino, el rocío congelado… Pues precisamente eso, que se tienen que transmitir con perífrasis o circunloquios, como hacen los niños cuando quieren decirte algo pero no encuentran la palabra.

Lo normal es que estas palabras intraducibles sean consecuencia de una experiencia particular de un país, bien sea cultural, legal, psicológico… en definitiva, una manera de vivir y pensar compartida. Por eso resulta inútil intentar que alguien que no participe de esa comunidad pueda comprender completamente el significado de la palabra cuando no es su lengua materna o no lleva muchos años integrado en el colectivo que la usa.

En castellano, podríamos poner como ejemplo la sobremesa, ese tiempo de reunión que se pasa en la mesa tras haber disfrutado de la comida y donde los comensales, sean familia, amigos o compañeros, charlan amistosamente mientras hacen la digestión.

También el duende, entendido como la esencia que destilan algunos artistas relacionados con el flamenco y que poseen un talento especial que roza lo mágico, es un concepto difícil de transmitir en otros idiomas con una sola palabra.

Si un idioma es un reflejo de sus hablantes los alemanes cumplen los tópicos y se revelan como unos trabajadores incansables. Torschlusspanik es el miedo a que las oportunidades disminuyan a medida que nos hacemos viejos, freizeitstress, el estrés del tiempo libre y todas las actividades que haces para ocuparlo.

Pero hay otra palabra, schadenfreude, que ha cobrado más relevancia e incluso se ha tomado prestada en distintos idiomas.

Hace referencia al sentimiento de gozo que se produce al observar el sufrimiento ajeno. No es sadismo ni envidia, es un término intermedio que encarna a la perfección ese ansia de asistir a la caída a los infiernos de los ídolos, esa risa involuntaria que brota al ver una caída ajena o el gozo interno que nos invade cuando vemos al final de la película que el villano recibe su merecido.

Tenemos que irnos al otro extremo del planeta para encontrar el antónimo de schadenfreude: mudita, un concepto budista que hace referencia a la felicidad que genera la felicidad ajena.

También el japonés refleja en su vocabulario la cultura trabajadora de sus gentes, desde la castrense kyoikumama (madre que presiona despiadadamente a sus hijos para que obtengan logros académicos) hasta gaman, la determinación para afrontar los obstáculos en la vida, de persistir frente a desafíos que parecen insuperables.

Estos son otros términos de difícil traducción:

  • Tartle se utiliza en Escocia para denominar ese momento de vacilación cuando vas a presentar a alguien y no recuerdas su nombre.
  • Boh es probablemente la mejor expresión que tiene el italiano, sirve para decir con solo tres letras que no tienes ni idea.
  • Ya’aburnee (literalmente en árabe, tú me entierras) alude al deseo de morir antes que su interlocutor para no tener que soportar su pérdida.
  • Age-otori: término en japonés para decir que alguien perjudicó su aspecto cortándose el cabello.
  • Ilunga: término en Tshiluba, una lengua del Congo, que habla de una persona dispuesta a perdonar cualquier abuso que se cometa en su contra una primera vez, tolerarlo en una segunda ocasión, pero nunca si se repite una tercera.
  • Forelsket: término en noruego que expresa la euforia sentida en el primer enamoramiento.
  • Bakku-shan: término en japonés para decir que una chica está linda, pero solo hasta que la ves de frente.
  • Litost: en checo, esta palabra nombra el estado espiritual tormentoso que sobreviene cuando uno se percata de su propia miseria. En alguna de sus novelas Milan Kundera habla de este sentimiento.
  • Mamihlapinatapai: término en Yaghan, una lengua de Tierra del Fuego, que se refiere a esa mirada intraducible, inefable, entre dos personas que comparten un mismo deseo.
  • Meraki: en griego moderno, hacer algo con amor y creatividad, poniendo el alma en ello.
  • Nunchi: palabra coreana que designa la capacidad de saber leer el estado emocional de otras personas.
  • Waldeinsamkeit: en alemán, el sentimiento de estar solo en el bosque.
  • Sgriob: en gaélico, la comezón que da en el labio superior justo después de beber un sorbo de whisky.

Y tú, ¿conoces algún término intraducible?

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